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Cuidado personal

De una manera comprensible para todos y bastante escueta, podemos decir que el cuidado personal corresponde a la crianza y la educación de los hijos.
La ley en Chile establece que si los padres viven separados, podrán determinar de común acuerdo, a quien le corresponde el cuidado personal de los hijos. Siendo así, los padres pueden acordar que el cuidado personal le corresponda al padre, a la madre o a ambos, pudiendo compartirlo.
Si los padres no alcanzan un acuerdo al respecto, la ley establece que el cuidado personal de los hijos se radica en el padre o madre con quien convivan.
Ahora bien, el cuidado personal compartido tiene como fin estimular la responsabilidad mutua entre ambos padres que no viven juntos, en temas como la crianza y la educación de los hijos, buscando un sistema de residencia que permita que los hijos comunes vivan con ambos padres teniendo una estabilidad y continuidad y de esa forma cada padre pueda tomar decisiones del diario vivir participando activamente en dichos temas, toda vez que por lo general, el padre que no vive con los hijos y solo tiene visitas cada cierto tiempo, no se involucra en el diario vivir o queda relegado por cuestiones obvias de aquellas decisiones.
En ese sentido cabe hacer presente que si las partes deciden realizar un juicio, el juez no puede resolver por el cuidado personal compartido, sino que tan solo establecerá cuál de los padres tendrá el cuidado personal de los hijos, ya que este tipo de cuidado personal solo puede ser acordado por las partes, toda vez que requiere de un esfuerzo mayor en temas de coordinación para alcanzar el interés superior de los hijos.
Ahora bien, cuando el interés superior de los hijos se vea afectado por quien detenta el cuidado personal, el tribunal podrá otorgarlo al otro de los padres. Cabe hacer presente que el criterio para ello jamás puede basarse solo en la capacidad económica de los padres, sino que debe ser motivado por el interés superior de los hijos, y para ello, el juez analizará diferentes tipos de criterios, como el nivel de afectividad, la actitud de cooperación, la garantía de bienestar, el entorno, la opinión de los hijos, entre otros criterios.
También es menester mencionar que radicado el cuidado personal en uno de los padres, el juez tendrá la obligación de fijar un régimen de visitas con el padre que no tenga el cuidado personal, salvo que no sea adecuado para el interés superior de los hijos. Dicho régimen debe velar por la estabilidad de los hijos y un contacto periódico.
En el mismo sentido de lo anterior, si el juez estima que ambos padres no son competentes para dicho cuidado personal, este podrá ser otorgado a familiares cercanos, prefiriéndose al respecto a los familiares más próximos, en especial los abuelos.
De esta manera, es posible manifestar que al momento de decidir por el cuidado personal de los hijos, el acuerdo de los padres y un cuidado personal compartido parecieran ser aspectos relevantes al momento de mantener los lazos de familia de manera equivalente. En este informe tratamos de exponer las tres alternativas, pero resaltando las virtudes del común acuerdo.

Un atento saludo de Valles y Asociados